La fisura labiopalatina es la segunda malformación congénita más frecuente, con una incidencia de aproximadamente 1 en 550 nacidos vivos en Chile. Su origen es multifactorial, combinando factores genéticos y ambientales. Estas fisuras pueden afectar tanto el labio como el paladar, y su tratamiento debe ser multidisciplinario e iniciarse en el período neonatal para asegurar los mejores resultados.
El equipo médico debe incluir a enfermeras especialistas, otorrinolaringólogos, odontólogos, genetistas, fonoaudiólogos y cirujanos plásticos, quienes trabajarán juntos en la cirugía y seguimiento. Las cirugías primarias incluyen la plastia del labio, del velo del paladar y el cierre del paladar óseo.
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